BioNeuroEmoción farsa terapéutica

11.08.2018 16:42

Estimados amigos de RedUne, escribo desde Chile para comentarles que en mi país también existen víctimas de esta farsa llamada Bioneuroemoción.

Hacía un tiempo ya que mi hermana había conocido, a través de un “terapeuta”, la biodescodificación. Un día, ella nos comunicó que realizaría una cuarentena con la finalidad de eliminar creencias familiares. La noticia nos tomó por sorpresa y no nos dio tiempo de investigar de qué se trataba el asunto. Tampoco nos explicó en profundidad en qué consistía eso, ni por qué lo hacía, sólo nos pidió que no la buscáramos durante ese tiempo. Nombró a un tal Enric Corbera. Lamento no haberme puesto a investigar inmediatamente. Nos quedamos angustiados y con la esperanza de que el tiempo pasara rápidamente.

Se cumplió el plazo y mi hermana NO se comunicó con nosotros, como había prometido. Estábamos preocupados, pero decidimos esperar unos días más, pues entendíamos que quería ser ella quien nos contactara una vez estuviese lista. No queríamos que sintiera que pasábamos a llevar su decisión, por lo que hicimos un gran esfuerzo por no contactarla.

Pasaban las semanas, la gente comenzó a preguntarnos por ella, que cómo estaba, que hacía tiempo que no tenían noticias. Nosotros no sabíamos qué responder, por lo que intentábamos cambiar de tema. Hubo sólo 2 personas (de más confianza) a las que confesamos lo de la cuarentena. A ellos les pareció sospechoso y fue aquí cuando, sin siquiera nombrar la “biodescodificación”, surgió por primera vez la palabra SECTA.

Al comenzar a investigar en internet, horrorizada, me encontré con una serie de testimonios de familias que estaban pasando por situaciones similares (o, incluso, más graves), principalmente en España, debido a la maldita Biodescodificación o BNE, Enric Corbera y compañía y sus cuarentenas. Además, comencé a recopilar información sobre los grupos coercitivos y su dinámica, y todo calzaba. Mucho después, nos enteramos de que era un secreto a voces que a este terapeuta se le vinculaba a una secta, no fue un invento nuestro.

Finalmente, mi hermana se comunicó con nosotros y anunció una visita. Aunque nos preparamos, pues ya sospechábamos lo que nos esperaba, el encuentro fue igualmente tenso. Ella era otra persona. Distante, hermética, fría, desconectada emocionalmente, principalmente con nuestra madre, con quien tenía una buena relación antes de la cuarentena. Durante ese tiempo ella tomó una serie de decisiones bastante drásticas, todas ellas en directo beneficio de este terapeuta embaucador. Reaccionó de manera irritable al preguntarle sobre su nueva vida.

Fue muy difícil lidiar con esa frialdad y distancia, pero entendemos que esto se debe a que está siendo influenciada por el otro.

Dice no contar con tiempo suficiente para visitarnos. Aún no es consciente de la explotación de la que está siendo víctima a propósito, para no dejarle tiempo de cuestionarse y descubrir el engaño; de que las promesas que se le han hecho no se cumplirán; y que el día que despierte y decida salir de allí, habrá perdido gran parte de su vida, recursos y tiempo valioso.

Es difícil para nosotros, como para toda familia en esta situación, saber que un ser querido está siendo engañado y poder hacer poco o nada al respecto. Es muy triste ver que confíe más en un pseudoterapeuta que en quienes la conocemos desde toda la vida y que sólo queremos su felicidad. No es fácil entender que crea que su felicidad implica distanciarse de sus seres queridos, de padres que, si bien no son perfectos, han hecho todo para que sus hijos triunfen en la vida.

No pierdo la esperanza de que, más temprano que tarde, mi hermana despierte y escape de las garras de ese buitre. Le hemos dicho hasta el cansancio que las puertas siempre estarán abiertas para ella, y estoy segura de que eso le ha quedado grabado en su mente.

Espero que este testimonio sirva para que muchas personas abran sus ojos y lo piensen dos mil quinientas veces antes de sumergirse en el peligroso mundo del Enric Corbera y su asqueroso negocio, o de depositar su vida y su confianza en alguno de los miles de personajes mesiánicos que andan por ahí prometiendo sanación y felicidad mientras engrosan su billetera.