HOLA…. MI NOMBRE ES RUBÉN CASTILLA ¡TÚ Y YO TENEMOS MUCHO EN COMÚN!

05.10.2018 16:03

              
 

Porque hemos vivido los efectos psicológicos, físicos y sociales que algunos grupos peligrosos y sectas, nos ocasionan al haberse apoderado de la mente de algunos familiares y amigos cercanos.

Porque hemos entrado en contacto con esos grupos y descubierto los mecanismos que utilizan para atrapar a personas idealistas y buenas pero muy crédulas y cándidas.

Si me sigues leyendo, estoy seguro que podremos compartir puntos de vista y opiniones para prevenir, ayudar y recuperar a quienes han sido captados; pero sobre todo educarnos juntos para evitar los graves peligros que representan para nuestras familias, la sociedad y la democracia las sectas y relaciones  sectarias.

Mi experiencia con agrupaciones que son capaces de causar daño y separación entre las familias es lejana. Por ejemplo, fui testigo de todo el daño que en el 1974, la “Iglesia de Dios del 7mo Día”, causó sobre toda mi familia, dividiéndola, destruyendo el amor que nos teníamos y nos unía.

Posteriormente mientras cursaba mi bachillerato participé de una agrupación estudiantil política que adoctrinaba a sus integrantes con discursos izquierdistas, que rayaban en radicalismo. En esa misma institución estudiantil, a mis 16 años de edad, conocí a la “Gran Fraternidad Universal” (GFU) de Serge Raynaud de la Ferrière, que está funcionando desde el 1948 y realiza excelente trabajo captando adolescentes. Los atraen por medio del atractivo del misterio y el esoterismo. Es muy astuta esta estrategia porque les inicia desde temprano en la práctica de la repetición de mantras, yoga y vegetarianismo.

Los alumnos captados se auto-engañaban con la creencia de tener poderes como la “telepatía”, el “desprendimiento del cuerpo”, la bilocación” y muchos más denominados los poderes “Siddhis” (“poderes” que logra un yogui avanzado en cualquiera de las distintas vías del yoga). 

 Además de eso, eran intolerantes con los que no formábamos parte de su selecto grupo, pues nos denominaban “saurios” (reptiles de sangre fría, con el cuerpo recubierto de escamas, de 4 patas y una larga cola que les sirve como reserva de grasa.), “carnívoros” o “seres inferiores”.

Tempranamente en la vida van inculcándoles la ambición por el poder psíquico y el desarrollo de la arrogancia que resulta del falso sentido de superioridad inducido. 

 

Posteriormente, al entrar a la universidad, tuve la oportunidad de recapacitar, mientras crecía y maduraba. Participé de otros grupos que nada tenían que ver con lo anterior, y amplié mis puntos de vista. Después, sin embargo, hace aproximadamente unos 20 años atrás, por segunda ocasión en mi vida, sin buscarlo, volví a encontrarme con la “Gran Fraternidad Universal” (GFU); pero esta vez dirigida por Carlos Elías Michán, quien se hace llamar el Gurú Shaya Michán. Carlos Elías Michán es uno de los 4 discípulos entrenados por José Manuel Estrada, el primer discípulo del fundador de la Gran Fraternidad Universal, Serge Raynaud de la Ferrière. Ha hecho una gran fortuna por medio de esta doctrina y su promoción de curación a través de los remedios medicinales  naturales que promueve. Clama tener varias escuelas naturistas, pero lo que sí puede confirmase es la dirección física de 5 tiendas naturistas y de un estudio de yoga.

 

Ocurrió que un familiar que tengo, altamente ingenuo, comenzó a escuchar el programa de radio del Gurú Shaya Michán, quien con gran impunidad descalificaba a la medicina alópata (que cura y previene enfermedades con productos patentados de laboratorios reconocidos) y a médicos y especialistas. El asegura que, con el naturismo, puede curar todas las enfermedades, incluyendo la diabetes y el cáncer. A su vez inducía al público a la práctica de orinoterapia (uroterapia o urinoterapia: curación no médica ni científica bebiendo orina), curación por imposición de manos, yoga, meditación, veganismo, y un largo etcétera.

 

Para ese tiempo, ya yo cuestionaba lo que esas creencias transmitían; pero para no crear mucha controversia, no lo expresaba abiertamente. Consecuentemente con el tiempo, uno de mis familiares cercanos fue atendido por uno de sus terapeutas naturistas, coincidiendo con cierta recuperación de su salud, sin recuperarse totalmente de la enfermedad. Me dejaba tranquilo el hecho de que el terapeuta del Gurú Shaya Michán que atendió a ese ser querido mío, nunca intentase convertirle en creyente. Eso era lo que comúnmente hacían los otros terapeutas. Los terapeutas de la Gran Fraternidad Universal del Gurú Shaya Michán, manipulan la ignorancia y la necesidad de sus pacientes, por medio de terapias de energía cuántica o terapias con ángeles, de las cuales muchos se aprovechan para vender a sus pacientes campanitas al cuello, que les permitan contactarse con seres espirituales.

 

La ingenuidad y candidez de mi primer familiar, lo llevaron a toda una serie de creencias y prácticas que terminaron por alejarlo de sus hijos y su pareja.  Creencias tales como la existencia de extraterrestres, astrología, programación neurolingúistica, pensamiento positivo (por mencionar sólo algunas); prácticas tales como vegetarianismo radical y/o  veganismo, yoga, meditación, estados de trance y desdoblamiento (por mencionar sólo algunas).

 

Posteriormente fue cuando supe que el Gurú Shaya Michán era uno de los dirigentes de la Gran Fraternidad Universal. El capta a sus adeptos por medio de innumerables escuelas de yoga y meditación y la “Escuela de Yamines”, una ‘escuela iniciática’ del Sistema Externo Pedagógico Iniciático de información perteneciente a la Red GFU (Gran Fraternidad Universal), que demanda cumplir con el yama, abandonando los hábitos nocivos para la salud, tales como el fumar, beber alcohol, comer carne, entre otros; y pracitando hábitos saludables, bajo el rigor de una autodisciplina que exigente, manteniendo respuestas no violentas, respetuosas del mundo a su alrededor para evitar el desarrollo de enfermedades. Creen que lo que creemos es el mundo real se debe al velo de una ilusión, que hay que tenemos que correr para poder ver la verdad.

 

Fui testigo presencial e ignorante sobre los cambios radicales, que las ‘técnicas de persuasión coercitiva’, provocaron en este familiar, sobre los efectos de una alimentación vegana deficiente y ayunos de purificación; de los trastornos psíquicos que le provocaban ‘poner la mente en blanco’ por períodos prolongados durante la meditación; de regresiones, de los falsos recuerdos que le iban induciendo, de la intolerancia y del maltrato dirigido hacia sus familiares, por resistirse a acatar las novedosas creencias de esta agrupación, y de la presión mental ejercida  sobre él por sus terapeutas alternativos, que exitosamente le vendían terapias tales como: par biomagnético, constelaciones familiares, terapia con ángeles, Reiki y Feng Shui. También fui testigo de la forma en que la ideología del “pensamiento positivo” se fue adueñando de su proyecto de vida, de los decretos que escribía y repetía infinidad de veces, y que le resultaban en lo opuesto a sus deseos, sin que se percatase de ello.  Vi la forma en que se estaba deteriorando física y mentalmente, hasta el punto de destruir sus relaciones familiares. Soy testigo del estado de ansiedad provocado por discusiones basadas en la confusión que iban provocando las nuevas creencias e ideales, que poco a poco iban trastocándole los valores morales. Observé un cambio en su comportamiento como consecuencia. Con él antes se podía compartir, pero luego de integrarse en ese grupo, poco a poco fue volviéndose cada día más hostil. Era como si hubiese cambiado su personalidad, pero lo que en realidad estaba cambiando era su interpretación sobre los hechos, las vivencias y experiencias cotidianas. Le decían que no buscábamos su bienestar y terminó por creérselo, que éramos enemigos, que no entendíamos nada. Todo lo que hacíamos quienes en realidad le amábamos, era ahora interpretado como malo y negativo. El dejó de mirarnos con aprecio y amor, para comenzar a tratarnos como si fuésemos sus enemigos, personas inconscientes e ignorantes.