LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LAS SECTAS

 

Muchas sabemos que existe la violencia de género en las sectas no en abstracto, sino en casos concretos en que las mujeres, madres, hijas, esposas, son objeto de malos tratos y de violencia basados en los cánones de la sociedad patriarcal, reforzados además con razones espirituales, de iglesia, de autoridad eclesial, de tradición, etc., razones que más bien se transforman en dogmas.


Sin embargo, las noticias que aparecen en los medios de comunicación nunca hablan de violencia de género en los grupos sectarios. Lo único llamativo que ha surgido al respecto fue en 2013 el caso del falso maestro shaolín de Bilbao que mató a dos mujeres. Pero, además de esto, no hay mucho más.

Parece que los periodistas y las fuerzas de seguridad del Estado encuentran en el shaolín el caso perfecto donde pueden mostrar que hacen bien por la sociedad, pero después ¿qué? ¿Dónde está el periodista que investiga las sectas destructivas sin caer en el sensacionalismo? ¿Dónde está el compromiso del Ministro de Interior, y de los cuerpos y fuerzas de seguridad con las ciudadanas que son víctimas de las sectas?

En el libro Diecinueve años de mi vida caminando en una mentira, Opus Dei, Ana Azanza Elío cuenta su vida en el Opus Dei como numeraria desde 1983 hasta 2002. El libro fue escrito dos años después de su salida. En ese tiempo, Ana tuvo ocasión de sufrir la persecución y las represalias por su abandono. Este libro quiere ser la voz de muchas personas afectadas por el Opus que no pueden reponerse de lo sufrido.

Ana Azanza entró convencida de un ideal religioso, y se fue porque para ella Dios y la fe están por encima de cualquier ser humano por muy poderoso que se crea o lo crean los demás.

La psiquiatría es el recurso favorito del Opus Dei para resolver las crisis de los que se van. A Ana Azanza le dieron dos bajas laborales "por enfermedad", sin que ella las hubiera pedido y sin baja de ningún médico. Había en el instituto donde trabajaba rumores sobre su supuesta locura, o recibía correos de numerarias que nunca antes se habían interesado en ella, invitaciones a dar charlas de orientación profesional cuando ella ya estaba fuera del Opus Dei.

De Ana decían las mayores, las directoras "no ha crecido", así era útil para ellas. La alternativa era estar "drogada", medicada por alguno de sus psiquiatras expertos en doblegar voluntades.

Ana Azanza describe que el opus dei considera "enfermedades" sentimientos y actitudes tan normales como echar de menos a la familia, el interés profesional y la amistad, y para las tres tiene antídotos que conducen a la anulación de la personalidad, a la deshumanización.

Sin embargo, Ana hizo estudios universitarios, incluso con las trabas del opus dei, y llegó a doctorarse en Filosofía. Con todo, la experiencia amplísima como profesora del opus dei no la puede poner en su curriculum, porque fue totalmente interna, pero el tiempo y las energías eran de Ana.

Cuando te convencen de que estás enfermo y te privan de todas las posibles relaciones o asideros al mundo real (profesión, familia, amigos), ya eres Opus Dei y hacen contigo lo que les da la gana, porque la persona, aunque se encuentre mal dentro de la institución, no sabe dónde ir ni sale. De ahí las terribles crisis de muchos que acaban yéndose de verdad enfermos, arruinados. El opus dei se ha comido las energías psíquicas de los numerarios y la alegría de vivir, han ahogado los ideales juveniles en el más sórdido de los pozos.

El opus dei tiene la teoría espiritual para los círculos externos y el discurso pragmático, el del poder, que emplean con éxito en los negocios, en hacerse amigos del diablo, en atemorizar al mundo entero, porque nadie tiene ganas de meterse en líos acusando al opus dei de sus fechorías.

Las injusticias que se amontonan alrededor de esta institución están reclamando que no sólo los que salen enfermos, sino los miembros y las familias se fueran a racimos del opus dei.

No hay profesor universitario que no haya sido "tocado" por el opus dei en España, incluso personas alejadas ideológicamente, por ejemplo Marcelino Camacho en 1990. Las sectas siempre quieren condicionar o participar del prestigio de otros. El opus dei sabe adaptarse a las situaciones más variadas siempre con el mismo objetivo: quedar por encima de todo el mundo.

El libro de Ana Azanza ofrece al final una bibliografía comentada sobre los testimonios críticos de esta institución sectaria. Destacamos, sin embargo, los libros escritos por tres mujeres.

María Angustias Moreno, que fue directora de algunos centros del Opus Dei, expone las contradicciones entre un espíritu en el que ella creía y la práctica a la que se le obligaba, en su libro El Opus Dei. Anexo a una historia (1976), y además publicó La otra cara del Opus Dei (1978).

María del Carmen Tapia, en su libro Tras el umbral (2004), cuenta sus avatares al pedir al Opus Dei la certificación de sus estudios internos (caso semejante al de Ana Azanza, que no puede poner en su curriculum toda su experiencia como profesora en el Opus Dei). María del Carmen Tapia llegó a ser numeraria del mayor nivel, pues fue secretaria regional de Venezuela. La historia de su salida es terrorífica y su testimonio es desgarrador.

Isabel de Armas, periodista que relata en forma de cartas sus ocho años, de 1966 a 1974, en su libro Ser mujer en el Opus Dei (2002), relata su inicial convencimiento de los ideales religiosos, pero no tardó en tocar las contradicciones internas de la institución. Vivió la mayor parte del tiempo pensando en marcharse, pero el Opus Dei juega con las personas que dudan, y utiliza argumentos para retener a las numerarias que no están a gusto.

Las sectas atentan contra los derechos humanos. Hoy nos fijamos en un aspecto totalmente denigrante, totalmente contrario a todos los principios éticos y jurídicos, de los comportamientos de los miembros directivos y de sus colaboradores ya convencidos de las sectas.

"Artículo 3 del Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la "trata de personas", especialmente mujeres y niños, de la Organización de Naciones Unidas, que complementa la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional, firmado en 2000, ratificado por España el 21 de febrero de 2002:

a) por "trata de personas" se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esta explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.

b) el consentimiento dado por la víctima de la "trata de personas" o toda forma de explotación intencional descrita en el apartado a) del presente artículo no se tendrá en cuenta cuando se haya recurrido a cualquiera de los medios enunciados en dicho apartado."

La "trata de personas" es un delito muy específico y constituye una vulneración de derechos humanos universalmente reconocidos, como son el derecho a la vida, la libertad, la integridad, la intimidad, la salud, a no sufrir esclavitud o servidumbre forzada y a no padecer prácticas de tortura u otras formas de trato inhumano o degradante, prácticas lamentablemente repetidas en muchas sectas coercitivas.

En la práctica, la "trata de personas" se caracteriza por la falta de consentimiento de la víctima y se ejerce mediante coacción, engaño o violencia con el fin de la explotación, por lo que la acción (retención, coacción, humillación, explotación) es continua. Por tanto, es un crimen contra el ser humano.

De nuevo volvemos a encararnos con la falta de sensibilidad y de decisión de los poderes públicos para detener esta lacra moral y social de las sectas, aunque es cierto que la "trata de personas" se da también fuera del ámbito de los grupos sectarios.

Incluso los mismos cuerpos policiales, los mismos periodistas, las informaciones televisivas y cibernéticas, las iniciativas legislativas de los parlamentarios confunden los términos cuando tratan de hablar, legislar o decidir sobre una cosa tan precisa como la "trata de personas".

Magdalena Zarauste

MACHISMO EN GRUPOS SECTARIOS (Testimonio de una mujer en los Testigos de Jehova)

Parte de los comportamientos de los individuos dentro las sectas se reflejan en este testimonio.

En este tiempo pude ver las cosas con más realismo y no con tanto romanticismo como cuando entré. Comencé a observar las relaciones de los testigos: las mujeres son nulas, estaban idiotizadas, sumergidas y contentas en unos papeles de sumisión que a veces rayaban el ridículo, eran incapaces de vivir por ellas mismas: estaban sujetas al padre o al marido. Sin embargo, era un papel bastante cómodo, ya que en el hombre descansaba toda la responsabilidad y las consecuencias de las grandes decisiones.

Existía cantidad de solteras deseosas de que llegaran las Asambleas –a las que acudían estrenando vestidos, peluquería y complementos-, porque allí radicaba la única esperanza de cazar marido; ya que no les está permitido casarse con nadie de fuera y había tanta mujer en edad casamentera y tan poco hombre libre, que esto se llegó a considerar un verdadero problema.

He visto muchachas jovencísimas casándose con el único soltero de la congregación y después de no más de unos meses de relación por temor a caer en la tentación de actos impuros. Con el concepto de actos impuros califican el darse un beso o acariciarse cuando dos personas se quieren, pero no tienen firmado ningún contrato ante un juez.

He visto también a madres quitando de estudiar a sus hijas para librarlas del contacto con mundanos, hijas llorando porque quieren hacer una carrera o una diplomatura y no meterse en casa a limpiar y hacer comidas. Lo más que se les permite a las más rebeldes es hacer algo de puericultura, peluquería o esteticien, algo que las mantenga ocupadas hasta que llegue el hombre que las meta en casa para toda la vida y las carguen de hijos.

A los hijos varones se les quita de la cabeza la idea de hacer carrera, pero estos como están destinados a mantener a sus mujeres e hijos pues siempre se les anima a hacer alguna formación profesional: electricista, mecánico, etc. Normalmente todos son arrancados del colegio al terminar la primaria, aunque he visto profesores personarse en casa de padres testigos de Jehová para rogarles que dejen a sus hijos seguir estudiando porque pueden sacar provecho de cualquier vocación universitaria, y todo lo que han recibido como respuestas son esas sonrisas “sabias” que le hacen saber que es un agente de Satanás que viene a perder a sus hijos.

Las niñas especialmente son tronchadas de cualquier opción profesional para ponerlas a dar vueltas por las calles predicando la Biblia, ya que, como queda tan poco tiempo para el fin, les hacen saber que esto de predicar gratis es un privilegio para ellas, algo que no se repetirá jamás en la historia. Así han desperdiciado muchas desgraciadas su juventud. Si alguna joven a pesar de todo sigue estudiando, ésta está mal vista por toda la congregación, que la considera más interesada en las cuestiones materiales que en las espirituales. Esto hace que a lo largo de los años se haya creado una masa de mujeres bastante analfabetas, que solo son eruditas en la Biblia, pero que no están al día de nada de lo que ocurre alrededor, y están ancladas, sumisas, estáticas…, porque todo lo que no sea de la biblia procede de Satanás. Llegan a ser personas embrutecidas, con un solo punto de vista de las cosas y de las situaciones.

Vi también los chismorreos y rencillas subterráneas que se tenían los hermanos, las rivalidades entre las familias, familias con hijos que habían criado en su verdad, pero que los hijos no la tenían en el corazón y aguantaban por sus padres y por el miedo de no ser destruidos como en los días de Noé.

Vi también mujeres deprimidas porque sus maridos estaban opuestos a los testigos de Jehová y su unidad familiar se había roto.

Vi también hijos traumatizados en familias separadas a causa de la religión, de ver a su madre fanatizada y al padre opuesto, amargado y solo.

Vi también a ancianos que tenían a sus hermanos favoritos, esos que siempre contestan en los comentarios de la Atalaya, a los que les da las mejores asignaciones, los ejemplos de virtudes en la congregación.

Vi también a testigos de Jehová empresarios tener empleados a hermanos sin oficio ni beneficio, parados de la sociedad, casados y con hijos, pero pagándoles una miseria de sueldo mientras ellos se hacían cada vez más pudientes.

Fueron seis años, y sería muy largo de contar aquí lo que se esconde detrás de esos primeros días que llegas al salón y te ves inmersa en esa acogida de besos, apretones de manos y bienvenidas con sonrisas de anuncios.

Había llegado la sentencia del juez dándome a mí la custodia de las niñas, obligando a mi marido a pagar una multa y a pasar una pensión alimenticia a mis hijas.

En medio de todo, a mi marido, que ya no vivía con nosotras, pero que buscaba todas las oportunidades para hacerse notar y hacernos la vida imposible, no se le ocurre otra cosa que ir a la congregación y pedir un estudio bíblico. Un testigo comienza a ir regularmente a su casa, a pesar de mis advertencias de que este hombre pretende hacerme daño. Bajo la excusa de que a nadie se le puede negar la enseñanza de la Biblia, y de que Dios puede estar moviendo las cosas para que él cambie y volvamos a vivir juntos, el padre de mis hijos comienza a estudiar. ¡Con el tiempo comienza a predicar de casa en casa y no se pierde una reunión!

Se hace el mártir de la situación, va contando a todos cuánto me quiere, cuánto me echa de menos. Las hijas se ven en una situación confusa, humillante. Ya las recoge él mismo de casa para llevarlas a predicar, para ayudarlas en sus estudios de La Atalaya, para llevarlas a la Asamblea porque él tiene coche y yo no. Dice a todos estar arrepentido de la mala vida que me dio, que me quiere, que quiere volver con sus hijas.

La situación se hace tan atípica, que los ancianos y siervos ministeriales no entienden cómo una cristiana como yo no puede perdonar a un hombre tan arrepentido y que ni siquiera ha cometido adulterio.

Se empiezan a crear murmullos en la congregación. Me designan dos hermanas maduras y mayores, casi abuelas, para que me aconsejen y me guíen en el tema; dicen que soy muy joven, muy inexperta. Estas mujeres están prácticamente todo el día metidas en mi casa, contándome historias, "instruyéndome en la vida familiar", en cómo debo hacer las cosas, en cómo debo debo perdonar y reconstruir... Si no, Dios eliminará hasta a mis hijas de la faz de la tierra por el pecado de que su madre no perdonó a su padre..., que ni siquiera había mantenido relaciones sexuales con otra mujer.

Hay que aclarar que los testigos sólo admiten como motivo de separación el que uno de los dos haya mantenido relaciones fuera del matrimonio. De lo contrario, aunque tu marido te mate, has de aguantarlo toda la vida. ¡Y un marido puede matar a una mujer de muchas formas! No tiene por qué ser tan sólo físicamente. Las que hayan pasado por esto son las únicas mujeres que lo comprenderán.

Esta situación duró muchos meses, creí que me volvería loca, pues ya comenzaba a notar síntomas de debilitamiento mental. Tuve que darme de baja laboralmente.

Comencé a resquebrajarme cuando vi que hombres y mujeres de la congregación estaban todos de parte del padre de mis hijas. Éste venía a veces a casa llorando y acompañado de los ancianos que me decían cuánto sufría este hombre, "este buen hombre" por un corazón tan duro como el mío. Me sacaban alrededor de 20 textos bíblicos cada vez, para demostrarme lo mala cristiana que estaba siendo. Me dijeron que yo no era apta para el paraíso, si no perdonaba a mi ex-marido.

En uno de esos momentos de debilidad acepté que volviera a casa. Quería darle la oportunidad de que nos salváramos todos en familia, hacer una prueba de convivencia, pero puse una condición: él por lo pronto dormiría en una habitación y yo en otra. Esto no le pareció muy bien, pero los ancianos le insistieron en que aprovechara esta oportunidad, que yo necesitaba tiempo para adaptarme a la nueva situación. Además, yo le estaba negando la posibilidad de vivir para siempre en el paraíso, porque él había renunciado a bautizarse, si no lo acogía de nuevo.

Bien, él se bautizó y se hizo "precursor", pero siguió maltratándome física y verbalmente e intentando forzarme todas las noches a que durmiera con él. Hice saber esto a los ancianos y me respondieron que es muy duro para un hombre vivir sin relaciones sexuales, que esos impulsos eran naturales, que yo debía de comprender la naturaleza masculina, etc., etc.

Mientras tanto, ellos le animarían dándole privilegios en la congregación para que se sintiera más integrado y ocupado. Así, mientras mi marido me humillaba y me maltrataba, y los ancianos conocían esta situación, él daba asignaciones en la plataforma. Mientras mi ex-marido se emborrachaba y se gastaba el dinero, mientras yo trabajaba y él holgazaneaba, dejaron que siguiera de "precursor".

Como yo no paraba de denunciar delante de los ancianos su comportamiento, comenzaron a recriminarme a mí por no ser una esposa sumisa, ¡y lo hicieron "siervo ministerial"! La doble personalidad de mi ex-marido estaba dando sus frutos.

también abusos a menores 

encubrimiento de los casos 

"Es un círculo vicioso: quien te hace daño se encarga de tu justicia y te ofrece apoyo. Es traumático."

la justicia paralela de los Testigos de Jehová

SOLICITUD