NUEVA ACROPOLIS:" Historia real contada desde mi vivencia y subjetividad"

 

                                                   

Esta es una historia que será contada de forma algo desordenada cronológicamente, pero ordenada emocionalmente.

 

Un cimbronazo de libertad

Luego de casi un año de pensarlo, darle vueltas, cambiar de opinión y hasta de varias reuniones con la directora del lugar, el 2 de octubre de 2014 dejar la asociación cultural Nueva Acrópolis.

Tenía pensado irme en diciembre, cuando el ritmo de "la escuela" (como se le dice internamente) se tranquilizaba, y podía abandonar mis obligaciones sin dejar a mis hermanos y hermanas con una sobrecarga de trabajo abandonado por mi. Pero mi ansiedad y mi desánimo no me permitieron seguir, a pesar del infinito deber que sentía, ya no por la institución, sino con mis compañeros y compañeras, que nada tenían que ver con mi perdida de amor por "el Ideal".

Al principio tenía mil cosas en la mente, desde reproches a dirigentes de la institución hasta reproches a mi misma por mi pérdida de voluntad y devoción, pasando por once años de agotamiento mental y emocional, y varios de depresión.

Esa semana tenía mis tareas de voluntariado en la cafetería el jueves (solía hacer diferentes tareas de lunes a sábado, varias horas al día). Recuerdo eso claramente, creo que la razón es que lo he repasado en mi mente una y otra vez. Un jueves será mi última guardia en la cafetería, por lo tanto en la semana anterior me dediqué a informar a todos los dirigentes y jefes de sectores a los cuales podía influir mi salida, para que tuvieran tiempo de reorganizar los horarios que me correspondían y que nadie quedara recargado.

Recuerdo abrazar con los ojos apenas húmedos, pero con el corazón en la garganta, a un compañero amable y genuinamente bondadoso, y que él al mirarme a la cara se pusiera serio, y no recuerdo si me pregunto si me pasaba algo, o solo lo inquirió con la mirada.

¡Mi primer sentimiento fue un cimbronazo de libertad!

Lloraba porque estaba abandonando a mi familia, lloraba por haberles fallado, y lloraba porque no sabía que iba a hacer de mi vida a partir de esa noche. Pero también lloraba porque por primera vez en mi vida adulta (ingrese a la institución a los 14 años, me iba con 25) sentía que podía respirar.

Al dia siguiente me hice en el pelo un mechón fucsia, salí los findes de semana con amigos sin miedo a que nadie de Acrópolis me cruzara en la calle y pensara mal de mi por ir a bolichear, me vestí sin tapar mis gustos extravagantes, y dormí más y mejor de lo que lo había hecho.

Igual sufrí, estaba perdida, recuerdo que tras pocos años de ingresar en este lugar mi madre dejó de estar a gusto con que yo concurriera y me preguntó “¿qué harías si Nueva Acrópolis dejará de existir?” a lo que yo respondí orgullosa "la volvería a fundar". Por muchos, muchos años (un tercio de mi vida hoy en dia) no imaginaba una vida que no fuera la de acropolitana, consideraba a la directora de la institución mi segunda madre, a los fuerzas vivas mis hermanos y a cada miembro nuevo una responsabilidad, una enorme responsabilidad, porque en la gesta del “Ideal” en el alma de cada nuevo miembro, estaba el germen para cambiar el mundo... y crear uno nuevo... ¡y mejor!

Que fácil había perdido mi propósito y mi ambición... y sin embargo ¡que maravilloso que era sentir que descubria cosas de mi misma!

Me di permiso para sentir lo que sintiera y pensar lo que pensara, sin que nadie me diera una lección moral o me intentara recordar a "los maestros de sabiduría".

Que hermoso que era bailar, vestir, caminar, emborracharme, besar y garchar sin culpas.

Nunca estuve a ningún cargo muy alto dentro de esta institución, y a pesar de la opinión de la, en aquel entonces, directora (que opinaba que yo tenía una doble vida por salir con amigos de noche en mis 20s) yo sentía que me había tomado más en serio que muchos dirigentes las enseñanzas morales predicadas, como ser amable, honesta, buena y entregada.

Jamás mentí ni disimule sobre mi personalidad algo extravagante, aunque, por alguna razón, muchos creían que si lo hacía.


Ya no estar sola

El sentimiento que tengo al dia de hoy (Junio del 2021) es de profunda pérdida, porque aunque he hecho muchas cosas que he amado, el tiempo, los años, la edad y el cansancio mental, me han limitado en hacer otras cosas que habría amado hacer a mis 17.

Pero a los 17 ya estaba en pleno curso para convertirse en “Fuerza Viva”... pero vayamos más atrás.

A mis 12 años, siendo una adolescente sumamente inocente, extrovertida pero tímida, con una ambigua facilidad y dificultad para hacer amigos, caí en una profunda depresión. Una depresión que mi familia no supo afrontar correctamente y que simplemente ignoró. Hace años me pregunto que habria sido de mi si en vez de entrar en una "Escuela de filosofía a la manera clásica/Asociación cultural internacional/Escuela de filosofía, cultura y voluntariado, etc" mi madre me hubiera llevado a un buen terapeuta que me ayudara a sentirme menos sola, menos suicida y a enfrentar el bullying del liceo.

Pero no fue lo que pasó, en la ardua búsqueda de una señal (luego de un sueño que tuve con un monje vestido de blanco, y teniendo en cuenta que mi abuela y mi madre siempre me influenciaron en lo esotérico) pasé por grupos metafísicos, conferencias esotéricas y cursos gnósticos, hasta que llegue a un lugar donde por primera vez me sentí en casa.

Todos los temas de los que se hablaba (filosofía, alquimia, la Atlántida, los misterios del antiguo Egipto) me hicieron sentir que estaba destinada a estar allí, y no lo dude ni un momento. Era una adolescente solitaria, melancólica, bonachona y sumamente inocente, que se odiaba por odiar a todos los adolescentes de su edad, con los que no lograba conectar. En mi egolatría puberta me consideraba más inteligente y más capaz, transformaba en superioridad mi rencor por los de mi generación cruel y tendía a llevarme bien y sentir que conectaba mejor con adultos, o con adolescentes marginados, semejantes a mi. En Acrópolis  fuí bien recibida, comprendida, amparada y sentí que por primera vez en mi vida estaba rodeada de personas buenas, que querían cambiar el mundo.

A mis 14 años, tras varias conferencias de las temáticas ya mencionadas, en Octubre del 2003 comencé el curso de primer nivel o "probacionismo", la puerta de entrada al curso de filosofía, a ser miembro de la institución... a formar parte... ya no estar sola.


La historia dentro

¿Por donde seguir sin caer en anécdotas tediosas?

Hice el curso, comencé a ser voluntaria en el sector de mantenimiento, y siempre me ofrecía para hacer más y más horas de voluntariado, también me anotaba en cada curso interno o externo que se abría, cosa que con los años me dio una salida laboral y muchas aptitudes útiles para la vida... pero Acrópolis resultó ser mi vida.

Comencé a desconectar con amigos, a tener gestos de desprecio con mi madre, y como dije anteriormente, a tener una sensación de superioridad, fomentada por las enseñanzas recibidas.

Esto es MUY importante, y es en lo que (creo yo) muchos caímos, pues se nos convenció de ello: Lo que hacía no era POR MI, ni por la institución, era por toda la humanidad, entonces, si amabas a tu madre, a tus amigos, etc, no importaría si ellos no te entendían, si te cuestionaban, si se burlaban, simplemente eran demasiado ignorantes para entender tu cometido, un bien mayor, un bien para toda la humanidad.

Yo "no estaba poniendo un ladrillo, estaba forjando una catedral" y ya fuera que lavara un baño, atendiera la cafetería o diera un curso de primeros auxilios, nada de eso importaba per se, lo importante era ayudar a hacer este mundo nuevo, lo importante era ser parte de la historia "Y ya anciano mirar desde mi invierno todo el bien que forje en mi juventud, y saber que yo humildemente he sido puente, Oh Dios, entre la humanidad y tú", dice el Himno de Acrópolis.

Sin embargo siempre logre mantener algunas amistades cercanas por fuera y, durmiendo poco, hice algunos amigos nuevos adentrándose mi adolescencia, cosa que, obviamente, no fue bien vista, y siempre fue juzgada en Acrópolis, aunque no terminaba de entender por qué.


Heroicidad

¿Qué me llevó a meterme tan tan adentro?

Desde niña siempre amé a los superhéroes, siempre amé defender lo bueno y lo justo (como buena fan de Superman y el Capitán América, los superhéroes más nerds del mundo).

Y así quería ser yo, me imaginaba como un caballero andante que mata dragones, admiraba las historias de locura heroica del Quijote, y me sentía representada por toda metáfora semejante.

Era el típico perfil que Acropolis quería captar... en los hombres... en los "caballeros".

Darme cuenta que lo que se esperaba de las mujeres era convertirnos en "Damas" fue un golpe más duro de lo que lograría describir en unos renglones. A mis 15-16 años la feminidad me parecía antinatural y ridícula ¿quién querría usar largos vestidos y desmayarse en la torre de un castillo pudiendo salir a matar monstruos y dar la vida con la sangre en la cara para servir a la justicia?

Yo quería ser una heroína, quería ser fuerte y valiente, no hermosa y delicada... y sin embargo, con todo ese bagaje mental que ya traía, la idea de convertirme en una dama me resultaba una prueba tan terrible que la considere la verdadera prueba de fuego por la que debería pasar.

Por tanto aprendí a usar vestidos, a cruzar mis piernas, a usar maquillaje, a reirme menos fuerte, no hablar abiertamente de temas indebidos ni hacer chistes burdos. Aprendí a cocinar, a lavar, a hacer arreglos florales y a vestirme más apropiadamente para ser una "Dama". Sonará absurdamente exagerado, pero no se imaginan cuán dura prueba fue... Fue mi prueba de sacrificio, de heroicidad por “el Ideal”.

El ideal

Pero no resultó todo tan bien como yo planeaba, supongo que siempre hubo algo rebelde en mi, o quizás el problema radicó en que tengo una absoluta incapacidad para entender las reglas sociales no explicitadas, problema que hoy en día me hace notar cuáles fueron mis problemas también en la adolescencia.

Cuando quise ser femenina era "sexy" o algo así. Cuando quise ser honesta se me trató de “doble vida”, cuando suplique a la directora que me dijera QUE HACER PARA HACER LAS COSAS BIEN  me dijo, luego de decirme que las estaba haciendo mal, que ella no podía decirme que hacer.

Yo estuve muchos años abnegada al Ideal, aceptando las opiniones de dirigentes o miembros más antiguos como verdades o, al admitir ante mí misma que se equivocaban me repetía, como un mantra, una frase dicha en alguna clase "el ideal es perfecto, los idealistas no", y así me obligaba a ahogar la ira, a callar mis opiniones y a aceptar... a aceptar todo incluyendo humillaciones públicas como ser criticada por repetir un plato de comida (yo estando gorda) o haber encerado mal los pisos (estando a cargo del mantenimiento), todas estas experiencias siendo menor de 18 años y siendo voluntaria en cada actividad, recibiendo las críticas o a veces gritos frente a todo el mundo presente.

Es necesario aclarar que ser "rezongados efusivamente” en público, incluso ante miembros más nuevos, era cosa corriente, no solo para mi, si no para la mayoría con quienes conviví, incluso dirigentes, por otros de mayor rango (ya que la institución es un sistema jerárquico y piramidal).

Pero nada de eso importaba. El Fundador de Acrópolis, JAL (fallecido en el 91), decía en uno de sus libros "El ideal justifica la cuna y el ataúd: por un Ideal se vive, y por un Ideal se muere".

Si era capaz de morir por el Ideal, vivir a su servicio era lo menos que podía hacer.


El cáncer rosa o SIDA

Volvamos a entramarnos en los años de formación.

Hubo un momento muy determinante en mi servicio, y fue cuando estaba ayudando en la secretaría de Escolástica o Bedelía por primera vez, a mis 16 años, y bastante antes de ser Fuerza Viva (el grupo interno en la institución). Se me encomendó ordenar Bastiones (articulos escritos por el fundador) y mientras hacia el trabajo algunos llamaron mi atencion y los leí, uno se titulaba "El cancer rosa" y hablaba de forma denigrante, discriminatoria y determinante contra la homosexualidad, diciendo explicitamente que "no se aceptan homosexuales en nueva acropolis", y acusandolos de la existencia del VIH.

Bueno, soy mujer cisgenero heterosexual, pero a mis 16 años no estaba muy segura, dada mi casi nula experiencia sexoafectiva y teniendo en cuenta que tenia una gran tendencia hacia la "masculinidad". Luego de leer ese articulo recuerdo claramente haber tomado una decisión "soy heterosexual", no fue un descubrimiento, fue una decisión radical donde no me permití ni siquiera pensar en ser otra cosa que mujer cis hetero, porque de lo contrario, quizás me echaran de Acrópolis, y ya para ese entonces la escuela era mi vida, y no imaginaba nada sin ella.

Pero no fue solo eso, se hacían muchos chistes discriminatorios y como ya mencioné, los roles de género se tenían muy determinados, por tanto ese artículo me hizo formar prejuicios muy extraños en mi mente, ya que tenía un mal concepto de la diversidad sexual, y sin embargo mantenía amistades con homosexuales y bisexuales a quienes amaba profundamente, así que me obligué a mirarlos con pena en su ignorancia, sin perder el vínculo, pero sí expresando ocasionalmente lo “antinatural” de su naturaleza.


La partida

Dentro de Acrópolis viví correcciones continuas de cómo pensar, vestir, vivir y hasta estornudar. Viví una especie de espionaje virtual porque se me juzgaba por fotos en facebook o comentarios en foros virtuales. Viví muchas frases como "un acropolitano tiene que acostumbrarse a la soledad”. También viví momentos de éxtasis místicos, años después nublados por el miedo de no volver a experimentarlos nunca.

Pero lo que me rompió fue un momento puntual, desde ya cabe aclarar que desde mi ruptura interna hasta mi partida pasaron 4 años, como desde mi partida hasta mi descarga actual han pasado 6 (supongo que así se procesan los traumas).

Un fin de semana fui de campamento con amigos y conocidos, donde jugamos "rol en vivo" un juego muy inocente donde tomas un personaje ficticio y sobrenatural y lo personificas dentro del marco de una historia, muchas veces con disfraces, y una de esas noches tomamos, entre 16 personas, 6 litros de alcohol.

En una foto en facebook fui etiquetada tomando un sorbo de una botella, yo tenía alrededor de 21 años.

La vuelta de mis vacaciones fue muy extraña, yo sentía que volaba sobre las nubes, estaba haciendo todo bien, teniendo amistades saludables, tomando el aire en un campamento arbolado y volviendo para cumplir mis deberes como FV. Hasta que al llegar mi mundo se derrumbó.

La directora me dijo que estaba pensando en echarme de las Fuerzas Vivas porque había visto fotos mías disfrazada, tomando alcohol de una botella y haciendo “cualquier cosa”. No recuerdo más detalles, en mi cabeza resonaba "echar de las FV".

Una dirigente, la jefa de las Brigadas Femeninas, cuerpo de las Fuerzas Vivas al que yo pertenecía, me dijo al hablar del tema, al intentar explicarle que las vacaciones habían sido solo inocentes, y me respondió "una dama no solo debe ser, si no parecer".

"Echar de las Fuerzas Vivas", nunca me había planteado ser otra cosa, yo quería ser dirigente en un futuro, quería abrir una sede de Acrópolis en otro departamento del país, vivir de la joyería (mi oficio aquel entonces) y de dar clases de artes marciales (mi pasión siempre reprochada)... ¡o de lo que fuera! Pero en mis años allí, fue la primera vez que se me planteó la posibilidad de no estar en Acrópolis, o de no ser parte genuina (a mi parecer).

"Echar de las Fuerzas Vivas" no dejaban de golpear las palabras de la directora en mi cabeza, mi madre me noto con una gran depresión pero yo no podía decirle lo que me pasaba, siempre nos fomentaron a tener mucho secretismo, porque la gente de “afuera” no lo entendería, ni siquiera sabía de la existencia de las FV, y seguro se enojaria si supiera por que me encontraba tan mal.

Saque fecha para psiquiatra, porque notaba que en mi mente las opciones eran, sentirme mejor o morir, porque no entendía otra vida, porque estaba convencida que servir al Ideal era lo único importante que un ser humano podía hacer, y que si lo estaba haciendo mal entonces ¿qué sentido tenía todo? Había hecho una promesa desde “mi alma inmortal” con la rodilla hincada frente a un estandarte, de servir al ideal, y no estaba pudiendo cumplirla.

Supliqué a los dioses inexistentes que no existieran  y que mis creencias de reencarnación fueran una mentira, pero estas supersticiones me mantuvieron viva a su vez, porque no quería morir sabiendo que renacería con la posibilidad de vivir toda esa agonía nuevamente.

"Echar de las Fuerzas Vivas"... seguía doliendo, pero con el tiempo ya no resonó tan fuerte, y cada vez el sonido de esas palabras, luego de tomar antidepresivos y dejarlos, luego de ir a terapia y dejarla, luego de volver a intentar ser una abnegada Fuerza Viva... y dejarlo... esas palabras ya no significaron una amenaza.

Salir de las Fuerzas Vivas...

Un  cimbronazo de libertad.


Finalizando

Quiero aclarar, para finalizar, que estas experiencias son solo una pequeña parte de lo vivido esos 11 años, pero podría mencionar mil más.

De la forma como los dirigentes de la institución se metían en la vida personal, de un artículo interno que escribió la directora hablando en contra de los juegos de rol luego de mi experiencia. De los comentarios despectivos de la gente que se había ido de Acrópolis, como si fueran débiles o se les  hubiera "muerto el alma". La insistencia indirecta pero sumamente clara sobre no tener hijos, y el secretismo en un sinfín de actividades, que de ser menos "secretas" quizás no generarían un impacto tan grande en quienes las cursamos, como tener los ojos vendados pasando por pruebas toda una noche, las cuales incluyen ponerte al borde de un médano y cuando escucharas "salta" hacerlo sin vacilar, me avergüenza hoy haberme sentido tan orgullosa en aquel momento, en el que salte alegre de no dudar ni un solo instante, sin importarme que hubiera abajo.

 

Información adicional:

Mi nombre es Daniella Scuadroni Rudawski, y esta es una historia real, contada desde mi vivencia y subjetividad, pero pueden encontrar material semejante en internet, y algunas cosas mucho más preocupantes que las que yo viví.

Como se autodefine Nueva Acrópolis, según su web en Uruguay:

Nueva Acrópolis es una organización internacional que propone un ideal de valores permanentes para favorecer la evolución individual y colectiva a través de sus líneas de acción en Filosofía, Cultura y Voluntariado. Fue fundada en 1957 en Buenos Aires, Argentina, por el profesor Jorge Angel Livraga Rizzi (1930-1991), historiador y filósofo.”

 

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