Transformé mi historia, en vocación al servicio de los más vulnerables

1. Una frase que resume mi experiencia

“Mi experiencia fue dentro de un grupo religioso que en el año 2000 fue reconocido por la Iglesia, por San Juan Pablo II, pero que en mi caso se convirtió en un entorno coercitivo y dañino.”

“Durante la vida del fundador, tal persona, el grupo seguía una estructura muy jerárquica que, en mi experiencia, derivó en un control psicológico profundo.”

"De pianista a albañila". Dejé repentinamente todo, mi carrera de piano con matrícula de Honor, para trabajar gratuítamente, sin seguridad social ni laboral.

"Trabajábamos sin ningún tipo de formación. Aprendíamos de las mayores a ser albañiles. Construímos el centro en un pueblo de Madrid, sin estar dadas de alta en la Seguridad Social, sin cobrar nada, arriesgando nuestra salud. Casi muero en el desprendimiento de tierra de una zanja, trabajando como obrera. "

"Entregué mi vida, en mi juventud, cuando yo a ellos no les importaba en absoluto, solo como herramienta para conseguir más adeptos, para crecer como grupo, sueños de grandeza de expandirse por el mundo, requisito para conseguir que se aprobaran sus estatutos en el Arzobispado."

2. Contexto previo: el terreno fértil para la captación

· Edad y momento vital en que fui captada. Yo tenía 20 años. Mi mejor amiga de la parroquia se llevó al huerto al chico del que estaba enamorada, mi abuelo materno acababa de morir.

· Estado emocional, psicológico y/o familiar. Yo visitaba mucho la parroquia de mi pueblo. Era una de las 5 jóvenes que preparaba la misa joven de los sábados, y dirigía el coro.

   · Qué buscaba en ese momento (sentido, pertenencia, amor, estructura…).

Buscaba el amor que nunca te puede hacer daño. Buscaba a Dios. A una estructura sólida con valores cristianos. Buscaba reconocimiento y pertenecer a un grupo “comprometido”.

· ¿Cómo apareció este grupo en tu vida? ¿Quién te lo presentó?

De la parroquia se nos invitó a visitar el centro religioso, haciendo una convivencia de un fin de semana. Aprovechando mi asistencia a una misa en el pueblo por una catequista que murió repentinamente, se aparecieron dos religiosos que nos dieron la charla en la convivencia realizada poco tiempo antes. Y al salir de la misa me saludaron, y me invitaron a realizar unos ejercicios espirituales de una semana. Fuí. ME planteaba la vocación religiosa. Fue allí donde me dijeron que yo tenía una vocación como una catedral y que debía hacer la experiencia de un año con ellos. Dios me llamaba y yo no podía fallarle.

3. Proceso de captación

· ¿Cómo me convencieron? A través de una charlas diarias mantenida en privado con una de las misioneras. Mensajes claros del fundador en las homilías de las misas diarias, en las que nos aleccionaba de cómo iban a reaccionar en el mundo y qué debíamos responder nosotros.

· ¿Qué lenguaje, gestos o estrategias usaron? Sabían que yo era muy creyente, veían cómo me emocionaba en la misa. Estuvieron muy pendientes de mí, hablaban en privado conmigo todos los días preguntándome que me parecía lo que se decía en las homilías y en las charlas de instrucción de los ejercicios.

· ¿Qué promesas me hicieron? Estar en un entrono favorable a mi vocación, el sentirme genial entre gente que cree lo mismo que yo, sentido de pertenencia.

· ¿Qué sentí al entrar? Euforia. Algo así como Juana de Arco. Era joven, idealista, y quería dar mi vida por algo, por alguien.

4. Vida dentro del grupo

· Rutina diaria: actividades, responsabilidades, rituales.

Nos levantábamos a las 5:30 horas de la mañana. Vestidas y peinadas, en estricto silencio, acudíamos cuanto antes a la capilla.

· A las 6 am recibiríamos la instrucción por parte de una de las responsables. Era una charla de mínimo 30 minutos de duración. Hablaban sobre nosotras, De las cosas que habíamos contado. Nos daban PAUTAS, así lo llamaban, y nos iban diciendo cómo nos teníamos que sentir, qué teníamos qué pensar mientras trabajábamos para el centro. Teníamos que olvidar todo lo que habíamos hecho antes de entrar allí. Allí empezaba una nueva etapa de nuestra vida, donde se citaba" para mí la Vida es Cristo" .

· A las 8:30 h. Desayuno. Leche, pan y fiambre. Se desayunaba de pie, mientras se daban los trunos de trabajo:

· A las 9h. Trabajo hasta las 13 horas a veces hasta las 14 horas. Dependía del trabajo. Cuando venían grupos de convivencia o retiros se concentraba más en la limpieza y preparación de los espacios. Actividades: cocina central, panadería, jardinería general, limpiar la casa (habían 3 casas de misioneras), lavandería central, Reparaciones generales, Sacristía, Limpieza de las capillas, Limpieza de recintos donde se recibía a los grupos de fuera, provinientes de parroquias de toda España. Conducción de automóviles. Grupo de mendicidad: íbamos a pedir limosnas a otros lugares, contactos o a conseguir comida que se desechaba de los mercados. Nuestra dieta alimenticia no era equilibrada. Nunca ví manejar dinero ni habia transparencia en las cuentas del centro. Eso pertenecía a los altos cargos.

· 13 horas, no siempre, nos servía de descanso, el Rosario en la capilla.

· 14 horas. Comida. No recuerdo haber comido carne o pescado. Vegetales, arroz, verduras y legumbres.

· 14: 30- 16 horas. Tiempo dedicado al aseo personal. Hacíamos turnos para ir a las duchas. Ese era nuestro único tiempo"libre". No podíamos escribir cartas ni hacer llamadas telefónicas a nadie del exterior. No hacíamos "siesta".

· 16 horas. Algunas continuaban trabajando, otras hacían otras labores más intelectuales. Tocar la guitarra, cantar, preparar alguna actuación para homilías, preparar charlas para las convivencias, pero eso solo lo hacían algunas privilegiadas. Las más guapas y delgadas, las que tenían un carácter más extrovertido. Las demás éramos la mano de obra. Esta diferenciación, nunca la entendí.

Era también tiempo a veces de instrucción, donde nos enseñaban oratoria, y la estructura de charlas que daban a los grupos de convivencias que llegaban para convencerles y conseguir adeptos al grupo. Que hicieran ejercicios espirituales y de ahí a quedarse a "una experiencia" como misioneros.

Tiempo de charla- reunión diaria con el grupo de nuestra casa y la Responsable correspondiente. Duraba una hora y media. Cada una contaba su experiencia diaria en el grupo.

· 19 horas teníamos la misa diaria. Después de la misa, nos dejaban un ratito a solas en la capilla. A solas con nuestro Amado. Siempre un cuaderno para escribir todo lo que pensábamos y sentíamos, pues elso nos serviría para dar testimonio en los grupos de convivencias.

· 20:30 horas la cena.

· 21:30 horas dormir.

Nadie me dijo que nunca podría salir a ver a mi familia, no podíamos ni escaparnos, no teníamos dinero y vivíamos en la montaña, aisladas. Poco a poco íbamos cambiando de mentalidad todas, nuestros afectos más verdaderos estarían en el grupo. Las cosas del mundo ya no nos iban a llenar. Fuera del grupo ya no seríamos felices.

Se nos daba a entender que nosotros vivíamos en la realidad, en la fe y el amor de Dios, y los demás, el resto del mundo, el mundo, era algo a parte de nosotros que no tenía nada que ver con nosotros. No debíamos volver a casa para no contaminarnos de pensamientos que nos hicieran abandonar la vocación. “La familia no tiene tanta importancia. No hace falta ir a verlos. Les envías amor en la oración y eso les llega”. " la verdadera familia somos nosotras" , Nos llamábamos hermanas. Éramos la gran mayoría chicas d eunos 20 años, algunas 18 años recién cumplidos.

Emocionalmente me sentía destrozada, porque yo amaba mucho a mi familia, y tenía un vínculo muy fuerte con mi hermana, nos llevábamos 11 meses. Lloré muchísimo durante días una vez que vino a verme con mis amigas. Cuando se fue, sentí un dolor tan grande que me desgarraba el alma. Estuve varios dias llorando. Ese dolor se lo ofrecía a Dios y seguía adelante con mi misión.

 

 

 

 

 

 

CONFIDENCIAL

Cualquier información que nos quieras enviar de un grupo sectario. Enlaces en Redes Sociales ,webs, videos, fotos, etc. Tú anonimato quedara protegido