Transformé mi historia, en vocación al servicio de los más vulnerables
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1. Una frase que resume mi experiencia
“Mi experiencia fue dentro de un grupo religioso que en el año 2000 fue reconocido por la Iglesia, por San Juan Pablo II, pero que en mi caso se convirtió en un entorno coercitivo y dañino.”
“Durante la vida del fundador, tal persona, el grupo seguía una estructura muy jerárquica que, en mi experiencia, derivó en un control psicológico profundo.”
"De pianista a albañila". Dejé repentinamente todo, mi carrera de piano con matrícula de Honor, para trabajar gratuítamente, sin seguridad social ni laboral.
"Trabajábamos sin ningún tipo de formación. Aprendíamos de las mayores a ser albañiles. Construímos el centro en un pueblo de Madrid, sin estar dadas de alta en la Seguridad Social, sin cobrar nada, arriesgando nuestra salud. Casi muero en el desprendimiento de tierra de una zanja, trabajando como obrera. "
"Entregué mi vida, en mi juventud, cuando yo a ellos no les importaba en absoluto, solo como herramienta para conseguir más adeptos, para crecer como grupo, sueños de grandeza de expandirse por el mundo, requisito para conseguir que se aprobaran sus estatutos en el Arzobispado."
2. Contexto previo: el terreno fértil para la captación
· Edad y momento vital en que fui captada. Yo tenía 20 años. Mi mejor amiga de la parroquia se llevó al huerto al chico del que estaba enamorada, mi abuelo materno acababa de morir.
· Estado emocional, psicológico y/o familiar. Yo visitaba mucho la parroquia de mi pueblo. Era una de las 5 jóvenes que preparaba la misa joven de los sábados, y dirigía el coro.
· Qué buscaba en ese momento (sentido, pertenencia, amor, estructura…).Buscaba el amor que nunca te puede hacer daño. Buscaba a Dios. A una estructura sólida con valores cristianos. Buscaba reconocimiento y pertenecer a un grupo “comprometido”.
· ¿Cómo apareció este grupo en mí vida? ¿Quién me lo presentó? De la parroquia se nos invitó a visitar el centro religioso, haciendo una convivencia de un fin de semana. Aprovechando mi asistencia a una misa en el pueblo por una catequista que murió repentinamente, se aparecieron dos religiosos que nos dieron la charla en la convivencia realizada poco tiempo antes. Y al salir de la misa me saludaron, y me invitaron a realizar unos ejercicios espirituales de una semana. Fuí. ME planteaba la vocación religiosa. Fue allí donde me dijeron que yo tenía una vocación como una catedral y que debía hacer la experiencia de un año con ellos. Dios me llamaba y yo no podía fallarle.
3. Proceso de captación
· ¿Cómo me convencieron? A través de una charlas diarias mantenida en privado con una de las misioneras. Mensajes claros del fundador en las homilías de las misas diarias, en las que nos aleccionaba de cómo iban a reaccionar en el mundo y qué debíamos responder nosotras.
· ¿Qué lenguaje, gestos o estrategias usaron? Sabían que yo era muy creyente, veían cómo me emocionaba en la misa. Estuvieron muy pendientes de mí, hablaban en privado conmigo todos los días preguntándome que me parecía lo que se decía en las homilías y en las charlas de instrucción de los ejercicios.
· ¿Qué promesas me hicieron? Estar en un entorno favorable a mi vocación, el sentirme genial entre gente que cree lo mismo que yo, sentido de pertenencia.
· ¿Qué sentí al entrar? Euforia. Algo así como Juana de Arco. Era joven, idealista, y quería dar mi vida por algo, por alguien.
4. Vida dentro del grupo.
· Rutina diaria: actividades, responsabilidades, rituales.
Nos levantábamos a las 5:30 horas de la mañana. Vestidas y peinadas, en estricto silencio, acudíamos cuanto antes a la capilla.
· A las 6 am recibiríamos la instrucción por parte de una de las responsables. Era una charla de mínimo 30 minutos de duración. Hablaban sobre nosotras, De las cosas que habíamos contado. Nos daban PAUTAS, así lo llamaban, y nos iban diciendo cómo nos teníamos que sentir, qué teníamos qué pensar mientras trabajábamos para el centro. Teníamos que olvidar todo lo que habíamos hecho antes de entrar allí. Allí empezaba una nueva etapa de nuestra vida, donde se citaba" para mí la Vida es Cristo" .
· A las 8:30 h. Desayuno. Leche, pan y fiambre. Se desayunaba de pie, mientras se daban los turnos de trabajo:
· A las 9h. Trabajo hasta las 13 horas a veces hasta las 14 horas. Dependía del trabajo. Cuando venían grupos de convivencia o retiros se concentraba más en la limpieza y preparación de los espacios. Actividades: cocina central, panadería, jardinería general, limpiar la casa (habían 3 casas de misioneras), lavandería central, Reparaciones generales, Sacristía, Limpieza de las capillas, Limpieza de recintos donde se recibía a los grupos de fuera, provinientes de parroquias de toda España. Conducción de automóviles. Grupo de mendicidad: íbamos a pedir limosnas a otros lugares, contactos o a conseguir comida que se desechaba de los mercados. Nuestra dieta alimenticia no era equilibrada. Nunca ví manejar dinero ni habia transparencia en las cuentas del centro. Eso pertenecía a los altos cargos.
· 13 horas, no siempre, nos servía de descanso, el Rosario en la capilla.
· 14 horas. Comida. No recuerdo haber comido carne o pescado. Vegetales, arroz, verduras y legumbres.
· 14: 30- 16 horas. Tiempo dedicado al aseo personal. Hacíamos turnos para ir a las duchas. Ese era nuestro único tiempo"libre". No podíamos escribir cartas ni hacer llamadas telefónicas a nadie del exterior. No hacíamos "siesta".
· 16 horas. Algunas continuaban trabajando, otras hacían otras labores más intelectuales. Tocar la guitarra, cantar, preparar alguna actuación para homilías, preparar charlas para las convivencias, pero eso solo lo hacían algunas privilegiadas. Las más guapas y delgadas, las que tenían un carácter más extrovertido. Las demás éramos la mano de obra. Esta diferenciación, nunca la entendí.
Era también tiempo a veces de instrucción, donde nos enseñaban oratoria, y la estructura de charlas que daban a los grupos de convivencias que llegaban para convencerles y conseguir adeptos al grupo. Que hicieran ejercicios espirituales y de ahí a quedarse a "una experiencia" como misioneros.
Tiempo de charla- reunión diaria con el grupo de nuestra casa y la Responsable correspondiente. Duraba una hora y media. Cada una contaba su experiencia diaria en el grupo.
·19 horas teníamos la misa diaria. Después de la misa, nos dejaban un ratito a solas en la capilla. A solas con nuestro Amado. Siempre un cuaderno para escribir todo lo que pensábamos y sentíamos, pues elso nos serviría para dar testimonio en los grupos de convivencias.
· 20:30 horas la cena.
. 21:30 horas dormir.
Nadie me dijo que nunca podría salir a ver a mi familia, no podíamos ni escaparnos, no teníamos dinero y vivíamos en la montaña, aisladas. Poco a poco íbamos cambiando de mentalidad todas, nuestros afectos más verdaderos estarían en el grupo. Las cosas del mundo ya no nos iban a llenar. Fuera del grupo ya no seríamos felices.
Se nos daba a entender que nosotros vivíamos en la realidad, en la fe y el amor de Dios, y los demás, el resto del mundo, el mundo, era algo a parte de nosotros que no tenía nada que ver con nosotros. No debíamos volver a casa para no contaminarnos de pensamientos que nos hicieran abandonar la vocación. “La familia no tiene tanta importancia. No hace falta ir a verlos. Les envías amor en la oración y eso les llega”. " la verdadera familia somos nosotras" , Nos llamábamos hermanas. Éramos la gran mayoría chicas d eunos 20 años, algunas 18 años recién cumplidos.
Emocionalmente me sentía destrozada, porque yo amaba mucho a mi familia, y tenía un vínculo muy fuerte con mi hermana, nos llevábamos 11 meses. Lloré muchísimo durante días una vez que vino a verme con mis amigas. Cuando se fue, sentí un dolor tan grande que me desgarraba el alma. Estuve varios dias llorando. Ese dolor se lo ofrecía a Dios y seguía adelante con mi misión.

5. Medidas de coacción y manipulación (núcleo clave)
No teníamos dinero.
No teníamos a penas ropa. Nos la daban allí.
No podíamos escribir una carta sin que la leyeran antes, ni llamar por teléfono. Nuestro único contacto con el exterior, era cuando habían grupos de convivencias, y, aunque, solo 2 o 3 elegidas daban las charlas, el contacto era visual, veíamos a los grupos pasar por delante de las casas, pero no hablábamos con ellos.
· Control del pensamiento o emociones.
No recibíamos ningún input de fuera. Todos los mensajes todo lo que escuhábamos era relacionado con Dios y con el grupo. No veíamos la tele, no teníamos ni idea de lo que estaba ocurriendo en el mundo, de la caída del muro de Berlín nos enteramos por los padres de una hermana alemana.
· Inducción de culpa y miedo.
No podíamos abandonar nuestra vocación, pues ya nunca más seríamos felices. ·
Castigos o consecuencias por cuestionar. "¡Eres como un garbanzo negro en mi zapato! .Nuestras "confesiones" se ponían en evidencia en las charlas diarias y nos hacían avergonzarnos delante de todo el grupo. En las homilías los sacerdotes también hacían referencia a nuestras dudas o preguntas avergonzándonos. Esto era todavía peor. Una estructura piramidal y machista, donde el fundador y su séquito eran el centro de todo.
· Frases/mantras que se repetían para anular el pensamiento crítico. "Para mí la vida es Cristo". "Vosotros sois los elegidos".
· "No me elegisteis vosotros, fui yo quien os elegí". Proviene del versículo Juan 15:16. Era parte de una canción. Teníamos un cancionero propio del grupo. Lo tiré al salir.
· Nos hacían estudiar oratoria para compartir nuestras experiencias a los grupos que venían de convivencia al centro misionero. Se trataba de entusiasmar y conseguir adeptos al centro.
· Dependencia afectiva y espiritual. Teníamos reuniones semanales con nuestras "superioras" llamadas allí "Responsables". A ellas les confesábamos cómo iba nuestro proceso de unión con Dios, de problemas en la convivencia, de nuestros desencantos. Ellas también se reunían entre ellas semanalmente. No tuvimos contacto alguno con chicos, si se cruzaban en nuestro camino, debíamos bajar la mirada. Nada de educación afectiva sexual. En pleno auge de nuestra juventud no sentíamos deseo. Estábamos tan imbuidas en las actividades.
VOTOS DE POBREZA, CASTIDAD Y OBEDIENCIA.
Estaba escrito en los estatutos cómo habíamos de vivir allí.
1.POBREZA. Que no es lo mismo elegir la pobreza en una congregación, que te venga impuesta por las circunstancias de la vida. Los verdaderos pobres, no pueden elegir, y viven sometidos al juicio y el desprecio de los que tienen más que ellos. Los adeptos al grupo nunca eran pobres, eran jóvenes con una vida por delante, con una carrera, con una herencia que ellos esperaban obtener una vez realizaras los votos.
2.CASTIDAD. No tuvimos contacto alguno con chicos, si se cruzaban en nuestro camino, debíamos bajar la mirada. Nada de educación afectiva sexual. En pleno auge de nuestra juventud no sentíamos deseo. Estábamos tan imbuidas en las actividades y acabábamos tan cansadas al final del día, que no nos daba la vida para sentir. El centro estaba dividido en 3 partes: mujeres, hombres y familias. Como éramos mujeres por un lado, con una línea imaginaria divisoria, que nos separaba de los hombres y otra de las familias con sus hijos. Coincidíamos en las misas, cada uno se sentaba en un lado de la capilla, nada más. No cruzábamos una sola palabra con los demás, no podíamos mirarles. En una homilía, el fundador habló sobre la castidad. Pilló a un hombre masturbándose en su habitación. Entró en alarma y furia. Lo puso en evidencia delante de todos, más de 100 personas, y nombró que los militares tomaban bromuro de yodo para que no tuvieran que enfrentarse al deseo sexual. Para evitar problemas.
3. OBEDIENCIA.Vivíamos en una estricta obediencia. No teníamos iniciativa para nada, en ningún aspecto, ni tomábamos decisiones para el grupo. Simplemente observábamos y seguíamos lo que teníamos que hacer.
Abusos estructurales y legales
Durante mi permanencia en el grupo, viví lo que también sucede en muchas congregaciones religiosas: una invisibilidad total a nivel legal y administrativo. No teníamos contrato laboral, no cotizábamos a la Seguridad Social, no teníamos cuenta bancaria propia ni ingresos personales. Esto nos colocaba en una situación extrema de vulnerabilidad:
· No estábamos empadronadas como ciudadanas activas.
· No teníamos derecho a asistencia médica pública.
· Dependíamos completamente del grupo para cualquier atención sanitaria, muchas veces obtenida de manera informal o privada a través de contactos del grupo. Por ejemplo cuando me reventó una sopera de cristal y me corté el brazo.
· No teníamos autonomía económica: no podíamos manejar dinero propio ni decidir sobre nuestra vida financiera. Trabajábamos gratis, sin cotizar, claro.
· No ejercíamos nuestros derechos cívicos fundamentales, como votar libremente.
Esta situación de anulación de la autonomía civil no solo es peligrosa, sino ilegal y contraria a los derechos humanos básicos. La estructura del grupo te absorbe, te invisibiliza, y te convierte en dependiente en todos los planos: físico, económico, jurídico y social.
6. Momentos críticos o traumáticos.
1. Frases eslogan que me despertaron :" El fin justifica los medios" pronunciada por una de las Responsables en las Pautas matutinas.
"Vosotros sois los elegidos". En un cartel que colgaba de parte a parte en la capilla de Madrid en una Pascua, donde se celebraba la Pascua y se recibía a los familiares y a los posibles nuevos adeptos. "No me elegísteis vosotros, fui yo quien os elegí". Entonces si Dios elige, ya no puedo hacer nada. Aceptarlo y dar gracias. No me parecía justo, me parecía manipulador.
2. Las dos experiencias cercanas a la muerte:
· Accidente de coche contra el trailer de un camión en la autovía. No llegó a pasar nada. Supe esquivar el golpe, pero fue un susto para todas de muerte.
· Derrumbe de la zanja . Estaba sacando tierra de una zanja, y la tierra de arriba se desmoronó y cayó sobre mí. Me llegó la tierra hasta los hombros.
· ¿Cómo me afectaron? ¿Cómo sobreviví? Me ayudaron mis "hermanas". Así nos llamábamos entre nosotras. Todo chicas de unos 20 años de edad. Ellas me ayudaron a salir de la zanja. Si hubiera llegado a perjudicarme gravemente, yo no tenía ningún tipo de seguro.
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7. El despertar: el proceso de salida
Me sentía muy decepcionada por ese grupo. Entre nosotras, teníamos nuestro círculo más cercano, comentábamos nuestra decepción en secreto.
· ¿Qué me hizo abrir los ojos? El derrumbe de la zanja. La falta de reacción de las Responsables ante este acontecimiento, como si no hubiera pasado nada. Yo estaba muy enfadada y lo expresé en la reunión. ¿No decís nada? ¿No os importa mi vida en absoluto?
Yo he entregado un año y medio de mi vida y vosotras ¿no hacéis nada?.
· ¿Hubo una persona clave o un hecho clave? Sí, justo después de ese accidente mi padre vino hasta Madrid para decirme que mi madre estaba enferma, me ofreció la oportunidad de ir a verla. Dije que SI.
Ellos pagaron tres dias de alojamiento en un hotel al asistente social de AIS.Fuí escuchada y entendida por alguien, el asistente social de la asociación AIS. Y una Doctora psiquiatra : Ella me invitó a reflexionar y acuestionar lo que había vivido en el grupo. "escuchar es de sabios", me dijo. Porque yo me resistía a escuchar a nadie que me "contradijera" que hiciera tambalear mis creencias de pertenencia al grupo y de mi "vocación". En esos 3 primeros días, hablé mucho con ellos, y por fin mi desconfianza se volvió lucidez y tranquilidad. Me sentí bienvenida y arropada por mi familia.
· ¿Cómo fue mi salida: voluntaria, forzada, silenciosa…? Voluntaria, sin pedir permiso. Cogí mi Biblia, una caja decorativa que me regaló mi hermana con los estatutos y algunas cosas más, y conduje el coche de mi padre desde Madrid a Valencia. Recuerdo parar en un bar para hacer una pausa. Recuerdo ver la televisión del bar, y todo me parecía obsceno y me alarmaba. Me dí cuenta de que ya no conocía la publicidad, ni las canciones, ni había estado en conciertos memorables, una etapa de mi juventud, la había perdido. Me sentía muy desconectada.
Cuando llegué a Valencia, los del grupo me siguieron. Me los encontré en el hospital donde fui a ver a mi madre, ese mismo día. Yo dejé de llamar por teléfono a Madrid y de informarles sobre mí. Me las encontraba cerca de mi casa por la calle. Me preguntaban cómo estaba mi madre, y yo, y cuándo iba a volver. Su insistencia me hizo enfadarme en una conversación en la calle. Les amenacé con denunciarlas, pues me sentía acosada.
Dejaron de aparecer.
Me dí cuenta de que mi familia, sobre todo mis padres, habían tenido un papel crucial en mi vida, pues gracias a ellos, y a la intuición de mi madre, que fue la que encontró a María Rosa Boladeras en la televisión, hoy estoy aquí de vuelta.
¿Qué temores o consecuencias viví al salir?
Sentí al marchar que estaba escapando, que sentía el aire fresco de la libertad. La sensación de que había perdido un año y medio de mi juventud, pero la vida me daba una nueva oportunidad. Mi sexualidad había cambiado. Mis impulsos sexuales estaban reprimidos por completo. Me costó mucho volver a sentirlos, reconocerlos. Tenía miedo, miedo a sentir.
Mi lenguaje había cambiado, y tenía que aprender el lenguaje de los jóvenes del mundo para no parecer rara. Me sentía muy perdida, confundida. Me agarré a mi familia, a mis padres y a mi hermana, que fue la encargada de integrarme de nuevo en la sociedad.
8. El vacío después. Vuelta a la realidad de la que escapé.
· ¿Cómo reaccionó mi familia? Mis padres me pagaron una psicóloga, pues así les indicó la asociación AIS de Barcelona, la presidenta, doña María Rosa Baladeras y el asistente social de su equipo .
· ¿Y la Iglesia o instituciones oficiales? En ese momento no denuncié, no dije nada, porque mi familia así me lo pidió. Para ellos fue una época traumática y lo vivieron con mucha vergüenza y dolor. Vivimos en un pueblo y todo el mundo estaba al acecho de chismes.
Tardé dos años en ponerme en contacto con el arzobispado de Valencia, y quise hablar con alguien, que resultó ser el responsable de las vocaciones. Mantuvimos una conversación. No quiso escuchar lo que le conté. Me despidió con dos palmaditas en la espalda, diciédome que más difícil sería salir de mi familia que de la secta. Bien se dio cuenta él, de que mi familia utilizaba la manipulación y abuso de poder conmigo. Comportamientos a los que yo ya estaba acostumbrada desde niña. Por eso no me dí cuenta de la manipulación del grupo.
· ¿Me sentí abandonada, estigmatizada, no creída?
No me sentí abandonada, al contrario, mi padre nos pagó un viaje a Menorca a mi hermana y a mí, donde estuvimos una semana paseando por la isla, mientras yo cantaba con mi guitarra y escribía. Empecé a cuidar de nuevo mi imagen personal. Adelgacé, pude hacer deporte, maquillarme, comprarme ropa. Estaba eufórica por poder volver a mis estudios musicales, los cuales abandoné con matrícula de Honor. Me metí en la Universidad a estudiar Filosofía. Sentí que había aprendido muchísimo con esa experiencia sobre mi búsqueda de sentido en la vida, la muerte y Dios. Volví a tocar el piano, a iniciar mis estudios de Canto. Me sentía mucho más madura que el resto de compañeros de la carrera. Al mismo tiempo, tenía que guardar una experiencia vital en secreto.
¿Qué secuelas psicológicas/emocionales viví?
· Desorientación identitaria: Sentí que no sabía quién era fuera del grupo. Había internalizado roles, ideas y dinámicas que no venían de mí.
· Culpa y vergüenza: Por haber creído en ese grupo, por haberme entregado, por haber “fallado” a quienes confiaban en mí. Por haber perdido el tiempo.
· Ansiedad social: Miedo a hablar, a opinar, a ser juzgada. Dudaba de mis decisiones constantemente. Todavía dudo demasiado cuando tengo que tomar decisiones. Siempre temo equivocarme.
· Dependencia emocional: Me costaba confiar en mi criterio. Buscaba constantemente aprobación. Siempre pregunto a los demás lo que tengo que hacer, su opinión sobre mis decisiones. Necesito escuchar a otros, sin eso no hago nada.
· Rabia contenida: Contra el grupo, pero también hacia mis padres, que no querían mirar sus propias heridas y me culpaban y me avergonzaban porque lo pasaron muy mal cuando yo estuve fuera. Me han estigmatizado de por vida. Me han despreciado.
· Sensación de traición: Tanto por el grupo, en el nombre de Dios, como por mi entorno familiar, que desautorizó mi proceso personal.
9. Proceso de reconstrucción personal
· Inicio esperanzador con terapia: Al principio sentí alivio, validación, entendí muchas cosas… Pero pronto mis padres dejaron de apoyar el proceso porque “me estaba cambiando”. Ese “cambio” les inquietaba porque ponía en cuestión también su estructura familiar. No les gustó que pusiera límites, que fue lo primero que me enseñó la psicóloga: Asertividad. Llamaron a la psicóloga para reprocharle lo que estaba haciendo conmigo, entendieron que ella “también” me estaba manipulando, y dejaron de darme dinero para ir a la psicóloga.
· Regresar a lo conocido: Volví a la casa de mis padres. Traté de volver a actividades, amigos y rutinas que tenía antes del grupo. Pero ya no era la misma. Me sentía fuera de lugar.
No quise volver a las actividades parroquiales, no quería pisar una iglesia en mi vida. El desengaño había sido muy profundo.
· Soledad profunda: No conocía a nadie que hubiera vivido lo mismo que yo. Mis padres me echaban en cara lo mal que lo pasaron en mi ausencia.
· Búsqueda de identidad: Me vi obligada a preguntarme: ¿qué pienso yo, qué quiero yo, qué creo yo? Comenzó ahí el verdadero proceso de autodescubrimiento.
· Lectura, escritura, creación: Encontré alivio y sentido en el arte, la reflexión, la poesía. Empecé a escribir sobre mi mundo interior. Volver a tocar el piano me devolvió la memoria de quién era, me conectó con los sentimientos de antes, ¡todavía podía tocar de memoria mi repertorio!. Chopin seguía siendo Chopin, Beethoven seguía latiendo con fuerza en mí, mis dedos recordaban los preludios de Bach.El piano me sirvió de hilo conductor hacia la nueva vida.
10. ¿Qué cosas has comprendido con el tiempo sobre el grupo y la Iglesia?
No todos los integrantes de la Iglesia están inspirados únicamente por el Espíritu Santo.
También se mezclan otras motivaciones, tales como la ambición por el poder. Eso fue una gran decepción. Una cosa es la jerarquía grupal, y otra el sometimiento absoluto a un sistema. Sin alcanzar a tener en cuenta el criterio del individuo. No alcanzo a comprender la “obediencia”. Imagino que el sistema militar utiliza también estos valores, para constituir el ejército.
La Luz y la sombras se mezclan, así somos los seres humanos, y así son los grupos de seres humanos. Aun así, comprendiendo esto, hay cosas que no se deben tolerar bajo ningún concepto, tales como la pérdida de identidad en favor de un grupo, el no respeto a la individualidad (la no escucha, la indiferencia), el ganar dinero a costa de los integrantes del grupo, sin que ellos perciban un solo céntimo y sin que se les de de alta en el sistema laboral y social al que pertenecen por ley, como ciudadanos que viven en un territorio o Estado. El manipular y demonizar el deseo sexual de sus integrantes. El escarnio colectivo como castigo. No permitir ni ofrecer una educación afectiva-sexual a los adeptos del centro religioso. Creo que esto es el origen de abusos de los sacerdotes a tantos niños. El afecto se desvía, y se producen situaciones indeseables y dañinas.
11. ¿Qué cosas he comprendido con el tiempo sobre mí misma?
· Que no fue culpa mía. Estaba buscando sentido, pertenencia, respuestas. Y eso es profundamente humano.
· Que salir no es el final, es el principio. La verdadera liberación viene después, cuando empiezas a construir tu voz propia. Es un proceso lento, y requiere de capacidad crítica y autodiscernimiento. Silencio y trabajo interior. Empecé a a prender a poner límites. Mi trabajo de desarrollo personal no tiene final. Sigo en ello para estar en paz.
· Que tener fe o una búsqueda espiritual no es malo, pero debe estar al servicio de tu libertad y dignidad, no al revés. No quiero formar parte de un grupo en el que hay que supeditarse a unas normas establecidas, sin que mi voz, mis sentimientos y pensamientos se tengan en cuenta.
· Que el grupo utilizó técnicas de manipulación emocional y espiritual, pero mi vulnerabilidad venía también de un sistema familiar frágil, que nunca fue capaz de sostener mi crecimiento. En casa me faltó mucho cariño, escucha. No me preguntaban sobre mis pensamientos o emociones. No teníamos conversaciones hermosas, en las que manifestásemos amor. Me faltaron unos padres más comunicativos, cercanos y cariñosos.
Con todos sus posibles defectos, ¡qué importante es la familia! Este vacío fue la debilidad que otros aprovecharon para sus fines.
· Que debo trabajar sobre mí misma siempre. Escucharme siempre. Hacer caso a mi intuición siempre.
Mis padres, cuando detectaron comportamientos extraños en el grupo, buscaron apoyo en la Iglesia, en la parroquia del pueblo, pero ellos no les hacían caso. Les trataban de egoístas, porque no aceptaban que su hija tenía vocación y les pertenecía a la Iglesia, y no a ellos. Es por esto que mis padres, ya nunca más fueron a misa. Como os podéis imaginar, yo tampoco, aunque creo en Jesús, y sigo sus valores y enseñanzas, pues es lo que me ha formado como persona.
Espero que mi testimonio pueda ayudar a esclarecer y a hacer que investiguen centros religiosos, ya que no hay ningún tipo de inspección. Esto es vergonzoso. Con presentar unos estatutos que cuadren en el concepto que el Vaticano quiere, les basta. No tienen en cuenta que en los grupos hay vidas humanas, seres que deben ser respetados y bien tratados.
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ASPECTOS POSITIVOS QUE HE EXTRAÍDO DE ESTA EXPERIENCIA.
1. Una búsqueda espiritual y existencial profunda
El haber estado en un grupo con características sectarias, no fue por “debilidad”, sino por una necesidad profunda de sentido, pertenencia, de verdad. Una sensibilidad al mundo espiritual, a los planteamientos filosóficos de la vida. Esa misma sensibilidad me hace captar lo que los demás no ven: el alma del otro, especialmente de aquellos que no se comunican como la mayoría, como muchos niños con autismo o personas con discapacidad.
Mi búsqueda espiritual era una preparación para ver lo invisible, lo esencial.
2. Una experiencia de exclusión o ruptura de normas
Estar en una secta me puso, seguramente, en los márgenes sociales, me hizo cuestionar estructuras rígidas. También me enseñó sobre el juego del poder, la manipulación, la obediencia ciega… y eso me afinó el sentido crítico y empático hacia quienes viven también al margen —como las personas con discapacidad, que muchas veces son excluidas del sistema educativo, social o cultural.
Me volví mucho más sensible a las estructuras injustas, lo que me llevó a crear espacios más humanos en mi lugar de trabajo.
3. Una sensibilidad al sufrimiento y la otredad
Pasar por una experiencia así me hizo conocer el dolor, el conflicto interno, el sentimiento de no encajar. Y eso me conecta con personas que también “no encajan” en lo normativo: niños que no hablan, que tienen crisis, que no responden como se espera. Yo no los juzgo, los escucho, los comprendo.
Esta experiencia me entrenó para acoger con ternura lo que otros rechazan o temen.
4. Una vocación reparadora
Muchos de los que trabajamos en lo terapéutico, educativo o creativo hemos llegado ahí buscando reparar algo, en nosotros o en el mundo. Yo transformé mi historia, incluso lo que fue duro o confuso, en una vocación esperanzadora: estar al servicio de los más vulnerables, con música, con amor, con paciencia.
No huyo del dolor: lo convierto en camino, en arte, en cuidado.
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